A solas, conmigo a solas, sentadito en mi sofá, Robe narra. Cada canción suena al menos tres veces, seguidas. Para disfrutar, la primera. Para captar cada palabra y palabras encadenadas, la segunda. Para desgranar cada nota de cada instrumento, el piano, el violín, el clarinete, el saxofón…, la tercera. Expresión sin censura, poesía, de una u otra manera.

“Puede ser que sea que estoy harto de ver lo que quiera que sea lo que vea”, y quizá, por ello: “doy la vida sin pensar, no tengo a donde ir, el cielo no es igual, cambió de forma”… “Sales y el mundo espera fuera, y te lleva, vuelas igual que una paloma, y te lleva”. “Hoy he decidido soltar mi parte animal. No, ya no me pienso callar, nunca, nada más”, me he dado cuenta de que: “Para estar contigo las horas, para estar contigo despierto, para hacerle al mundo mejoras, y para volar: necesito tiempo, únicamente tiempo” y siento que: “Todo lo que no está en ti se me queda tan lejos… todo lo que no está en ti… todo lo que no está en ti se queda tan abajo… todo lo que no está en ti…” y me imagino: “Amarradito de su cintura, arriesgándonos en la postura… He dormido poco hoy recordando a oscuras su voz” y he despertado diciéndome: “Bienvenido al temporal. He perdido el interés en la puta humanidad”, “Se terminó, ahora ya todo se terminó, ya no importan los días, ni la vida”, “Perdí la dignidad y el sentido del honor y no lo siento, dirán que deserté y que no tuve valor, quizá sea cierto. ¿Cómo podría explicar sin ver salir el Sol que denso sale?”

Unidas, cada primera frase de cada canción, una historia cualquiera, un sentimiento, un momento a solas, conmigo a solas, sentadito en mi sofá, Robe narra.

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