Proceso

Trepar. Poco a poco. Una parada en cada presa. Mirar. Más allá. Buscando la línea del horizonte. Entre él y yo tantas cosas…
Trepar. Más y más. Una parada en cada presa. Mirar.  Más allá. Buscando la línea del horizonte. Entre él y yo tanto espacio…

Bajar. Mucho a mucho. Aún no puedo volar. Solo con mi imaginación. Pies en el suelo. Caminar. Buscando la línea del horizonte. Entre él y yo tantos pasos…
Bajar. Más y más. Aún no puedo volar. Solo con mi imaginación. Pies en el suelo. Caminar. Mente en blanco. Volar. Buscando la línea del horizonte. Entre él y yo tantos sueños…

Sentir. Tanto y tanto. Un pestañeo, una emoción. Querer. Quererse. Pensar. Pensarse. Más acá. En uno mismo.
Sentir. Más y más. Una emoción en cada inspirar. Amar. Amarte. Pensar. Pensarte. Más acá. Contigo.

Disfrutar. Todo y todo. Venga lo que venga. Sonreir. Reir. Allí y aquí. Doquiera que esté. Pase lo que pase. Siempre buscando la línea del horizonte. Entre el y yo un mundo.
Disfrutar. Más y más. Sin para qués. Sin por qués. Gozar. Solazar. Acá y acullá.  Sin excusas. Siempre buscando la línea del horizonte. Entre el y yo solo un obstáculo: Yo mismo.

 

Basta.

Olvídalo.

Reinicia.

 

¿Quién eres?

¿Cómo eres?

¿Qué tienes?

¿Qué quieres?

 

 

 

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Entre tu y yo

Venga, va, cuéntame, ¿dónde te has metido durante este último año?

– La verdad es que he estado aquí.

No, no es cierto, aquí no has estado, no me has hecho ni una sola visita, bueno, miento, me hiciste una en Noviembre para hablarme de tu pesar por estar fallando a aquel joven que te escribió aquella epístola y a todos tus escritores y lectores, y todo ello comenzando a hablar de un teclado y de cómo tus dedos se deslizaban sobre las teclas… ¡Vamos! más o menos lo mismo que hiciste hace un par de madrugadas con tu tierno “¿Aquí? ¿Ahora?”.

– Bueno, y ¿cuál es el problema?, no lo entiendo.

El problema es que ya no confío en tí, estoy seguro de que vas a volver a fallarme.

– Lo siento.

De nada vale sentirlo, me he sentido vacío, he vivido del recuerdo durante mucho tiempo. Un recuerdo que además me hacía sentir que me necesitabas, que con mi compañía te sentías, ya no digo más feliz, pero sí al menos más cuerdo, más pleno.

– Tienes toda la razón, no obstante mi perdón es sincero, creemé que para mí no es fácil volver así, lo fácil hubiera sido buscar otro comienzo, una nueva amistad, y no volver aquí, contigo, con la cabeza gacha e intentando encajar de nuevo y ser comprendido tal y como antaño.

Sabes de sobra que el perdón lo tienes incluso antes de entablar esta conversación. Te agradezco no obstante que lo hagas. Te agradecería aún más que no te volvieses a marchar, te he echado mucho de menos. Te necesito.

– Lo único es que siento que ya no soy el mismo. Mis historias ya no están tan llenas de vida. No sé muy bien porqué, pero así es. Y me duele no poder ofrecerte aquellas cosas que te ofrecía hace un tiempo.

A mí eso no me importa en absoluto. Las historias en sí, todas, están llenas de vida. Además, llevas tanto tiempo alejado de mí que es normal que incluso haya olvidado un poco quién y cómo eres. Llevas tanto tiempo alejado de mí que es normal que incluso hayas olvidado un poco quién y cómo eres.

– Aunque no lo creas sé muy bien quién y cómo soy, simplemente creo haber estado distraído.

¿Distraído? Has estado ausente, al menos para mí. Déjate de excusas “JustifiCarlos”, reconoce que me has fallado, que has dejado una relación fantástica, una relación desinteresada en la que únicamente nos dábamos compañía, comprensión y placer sin esperar nada más a cambio.

– …

¿Tú sin palabras? ¡Vamos! ¡Reconócelo de una maldita vez!

– Sí, vale, lo reconozco. Ya sabes que me cuesta, no seas tan duro conmigo.

No lo he sido lo suficiente.

– Lo estás siendo ahora, y creo que también deberías estar agradecido porque haya vuelto sin que tú hicieras el más mínimo gesto.

Claro, vuelves ahora, tarde, y cómo de costumbre quieres que sea condescendiente contigo porque has tenido el increíble y considerado gesto de volver sin que yo te mostrara mi pesar. ¿Qué pesar quieres que te muestre? ¿No ves que solo tengo vida si tú estás aquí, conmigo? He estado muerto y ahora me devuelves la vida, como si nada, no es justo, mis heridas se curarán, contigo, pero ahí están., acéptalo. Sean cuales sean tus historias y tengan más o menos vida ¡yo tengo vida solo contigo! Si tu no estás aquí yo solo soy una URL perdida en la nube.

– Bien, ¡Tú ganas! Te he abandonado, si. Y no hay excusas. Más aún cuando no he sido capaz de decírtelo a las claras, cuando no he sido capaz de dejarte marchar. Si estabas ahí es porque en el fondo sabía que te necesito, que me aportas sosiego, cordura, felicidad. Que me aguantas sin juzgarme y que me dejas expresar todo lo que llevo dentro, tenga o no tenga propósito, tenga o no tenga sentido. Y ¡Lo siento! ¡Lo siento!

Y así seguirá siendo.

– Y por eso he vuelto.

¿Para quedarte?

– No lo sé.

– Esa es mi intención.

La intención es lo que cuenta, ¿no?

– Venga va, no me jodas, lugares comunes no, sabes que los odio.

Y ¿qué quieres que te diga?

– Nada, no quiero que me digas nada.

Perfecto, quizá quiere el señor que no diga nada, que simplemente esté aquí a su merced, sin sentir ni padecer, para que cuando él sienta que me necesita simplemente tenga que recuperar la contraseña.

– Te estás pasando.

Te jodes.

– No es fácil para mí, ¿te enteras?

Nunca ha sido fácil para ti aceptar tus errores, quizá eres tú el que tiene esta vez que agachar un poco la cabeza y no decir nada más. 

– …

Quizá creas que siento rencor, pero no es cierto, tan solo quiero que sigas confiando en mí como yo lo hago en tí desde el primer día hasta hoy. Tan solo quiero que nos veamos a menudo y me cuentes todo aquello que quieras, como has hecho siempre. Nada más.

– …

Tu sabes que voy a seguir aquí, pase lo que pase, sé justo y deja ese egoísmo que a veces te nubla la vista. Somos dos, tu y yo, y creo, sinceramente, que somos más valiosos juntos. Piénsalo.

-…

Aquí me tienes, recuerda: presentesimplepresentecontinuo.wordpress.com, tu contraseña es -a-de–s-l-es-i-o.

– Lo sé.

Espero verte pronto.

– Y yo.

Ciao Dreamer.

– Ciao Blog.

¿Aquí? ¿Ahora?

Heme aquí, ahora, sentado en el suelo, piernas cruzadas, cuerpo erguido. Inspirando un aire libre que me regala un aroma a hierbabuena recién nutrida. Ojos cerrados. Deva Premal me susurra, a mí, sólo a mí, aquí, ahora, Om Purnam.

Escribo sin necesidad de abrir los ojos, absorto en la nada y el todo, en el increíble y placentero vértigo que ofrece el vacío. Las letras van cayendo una tras otra, invitadas por mis dedos que fluyen como lo hacían hace no tanto tiempo. Y es que el tiempo es el enemigo. Podría, aquí, ahora, pensar cómo mi pasado me reconfortaba y me trasladaba a mí, desde donde todo nacía, desde donde todo manaba con naturalidad y sencillez, desde donde cada decisión era consecuencia directa de una sola guía: aquí, ahora. Podría, aquí, ahora, pensar cómo mi futuro me incita a alcanzarlo junto con un sinfín de propósitos que además desconozco. Podría, aquí, ahora, pensar cómo pensar para pensar qué pensar y para pensar que pensar no me va a pesar. No obstante también podría disfrutar de este momento, aquí, ahora, en donde más allá de añorar esos momentos en los que sentía esta liviandad en mis dedos, la sienta y la goce tal y como lo estoy haciendo en este mismo momento.

Y misteriosamente la música me da las pausas, cada coma encaja en un silencio, cada punto y seguido entre estrofa y estrofa, y no se muy bien si soy yo el que se acompasa al ritmo de esta dulce melodía y cautivadora voz o son ellas las que me llevan cual canción de cuna al sueño más profundo. Y cuando el ritmo comienza a ralentizar aún más mi respirar de repente me mece nuevamente para que sonría. Sonrío, y vuelvo a sentirme en mí, en casa. Siento la ilusión que me aporta el sosiego de estar al amparo de mi escritura, en soledad, de madrugada, aquí, ahora, ni más ni menos.

Aquí.

Ahora.

Ni más,

ni menos.

Aquí, ahora, es donde debo estar, aquí, ahora, en todo momento. Aprendí que no existe nada más, aprendí a desaprender lo aprendido para volver a aprender, neonato, que el origen se encuentra volviendo a partir una vez más. De vuelta al origen, donde cada olor, cada mirada, cada sabor, cada sonido, cada superficie me hacían sentir que había tanto que agradecer y tanto placer en el descubrimiento que cada estímulo era un anhelo en sí mismo.

Y seguir descubriendo, a cada paso, sin prejuicios, sin miedos, feliz. Feliz de ser quién soy y de sentir mi respiración, que no cesa, pase lo que pase, que fluye, al igual que estas letras, con naturalidad y sencillez. Que me mantiene conectado conmigo mismo y con mi raíz, aquí, ahora, sentado en el suelo, piernas cruzadas, cuerpo erguido. Inspirando un aire libre que me regala un aroma a hierbabuena recién nutrida. Ojos cerrados. Deva Premal me susurra, a mí, sólo a mí, aquí, ahora, Om Purnam. Aquí, ahora, de vuelta al origen.

Aquí, ahora, desde donde todo nace, desde donde todo mana con naturalidad y sencillez, desde donde cada decisión es consecuencia directa de una sola guía: aquí, ahora. Donde cada uno de mis textos pone su punto y seguido con un puñado de axiomas que parecía haber olvidado:

 

Inspira.

Espira.

Respiras.

Estás vivo.

Vive.

 

Gracias por recordártelo, Dreamer.

Un abrazo.